No soy persona de grandes convicciones religiosas, aunque creer si creo aunque con mis matices, yo pongo punto y coma a mis convicciones, por algo son mías. Tras meditaciones y reflexiones a altas horas de la madrugada, cuando el calor del verano no nos da tregua ni a descansar, la cabeza, por iniciativa propia toma vida y comienza a divagar... hace un recorrido por personas a las que amas, a las que quieres, a las que proteges, momentos buenos que has vivido y sucesos menos buenos, personas que físicamente ya no te acompañan en esta vida... en fin... hasta que al final vencida por el dulce beso de Morfeo caes en el abismo de la inconsciencia, te rindes al sueño, relajas tu cuerpo y te dejas mecer por las sensaciones.
Creo firmemente en la existencia de alguna Deidad, pero no entiendo el porqué de ponerle un nombre, atribuirle unas características u otras, jerarquizar unos ideales: cristianos: católicos, protestantes, luteranos, budistas, musulmanes... Pero en mi ideal de religión y de fe no quiero ofender a nadie. Practicando una serie de principios comunes entre todos como el respeto, la tolerancia, el diálogo, el debate por qué no...la convivencia y el enriquecimiento mutuo podría resultar hasta interesante. Y viene a ser un tema de interés por la importancia de la fé. !Qué gratificante y reconfortante para el alma pensar que en esta vida terrenal no se acaba todo¡. A las personas que han sufrido pérdidas personales importantes les ayuda a superar el trance saber que algún día existirá ese reencuentro deseado y que volveremos a tener una oportunidad de hacer lo que no nos ha dado tiempo de hacer hacer hasta que nos han faltado. Con certeza no podemos saberlo, a pesar de que existen testimonios, algunos de ellos casi empíricamente contrastables de que a nuestro alrededor existe vida, de que estamos rodeados por seres en otra dimensión a los que no podemos ver pero nos ven, nos protegen, e incluso nos envían mensajes...
A todos nos han quedado cosas en el tintero: sentimientos que queríamos expresar y no pudimos, un último beso, un abrazo, una caricia... Y por ello, para curar esa herida, para calmar conciencias y apaciguar nuestras almas buscamos el consuelo en la fe. Ahora que se aproxima tu cumpleaños aprovecho para decirte cuánto nos haces falta, que extraño a pesar de ser una falta casi asumida antes de suceder, qué extraño como el ser humano no está preparado para el vacío, y maldita memoria que traiciona nuestra fortaleza en momentos insospechables. Te quiero y os quiero, asumo que ahora juntos, Tú, habrás dejado de llorar, lágrimas invisibles que marcan nuestro caminos.
También nuestra fe nos hace fuertes y nos lleva a desear, a rezar, a nuestra manera, sin morada propia para nuestros Dioses, sin ubicaciones determinadas, nos lleva a la esperanza de una vida mejor, una vida plena, una vida feliz, aunque la felicidad sea efímera, aunque nos sea dada a cuentagotas, pero esa esperanza y esa ilusión nos mantiene vivos y llenos de coraje, con ganas de abrir los ojos por la mañana para ver si se cumplen nuestros sueños y los de aquellos que amamos.
Gracias por dejarme ser yo misma, tú único deseo, gracias por no dejarme desfallecer en mi intento y por mantenerme mas o menos estable psicológicamente a pesar de las caídas.
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS Y FELIZ CUMPLEAÑOS. Mi regalo el recuerdo tan vívido en nuestras vidas, porque solo el recuerdo hace que nunca perezcáis, tendréis el regalo de la eternidad en nuestra memoria. Millones de besos muy, muy apretaos.